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Ecuador avanza hacia un desarrollo post-petróleo – sin el apoyo del gobierno alemán

Parque Nacional Yasuní
Foto: ggallice/flickr. Esta foto está bajo una Licencia Creative Commons

October 15, 2010
Por Liane Schalatek
2007 fue la primera ocasión que el presidente ecuatoriano Rafael Correa sugirió que su país se abstendría de explotar indefinidamente las reservas de petróleo ubicadas en el Parque Nacional Yasuní, si la comunidad mundial estuviera dispuesta a compensar al pueblo ecuatoriano con la mitad de los ingresos no obtenidos. Esto es la mitad de 7.2 mil millones de dólares estadounidenses que irían a un fideicomiso especial. Esta idea innovadora fue recibida con mucho entusiasmo pues permite ayudar de forma distinta a un país que, como el Ecuador, es rico en recursos naturales pero pobre debido a su bajo ingreso. Esta ayuda permitiría que el país superara el infortunio de sus recursos y buscara un desarrollo sustentable y favorable al clima, en ruta a una era “post-petróleo”. Alemania, teniendo una larga trayectoria de lazos de cooperación para el desarrollo con el Ecuador, fue uno de los primeros países en hacer evidente su apoyo a dicho fondo. En 2008, el parlamento alemán en un raro despliegue de unidad entre las bancadas confirmó su disposición para aportar financiamiento apropiado. Avance expedito en tres años: Ecuador pudo transformar una idea innovadora y convertirla en un mecanismo jurídico. A comienzos de agosto, el Fideicomiso Yasuní Ishpingo Tambococha Tiputini (ITT), administrado por el PNUD, se hizo realidad quedando listo para recibir aportaciones.

Sin el apoyo de los principales países donantes

Lo que (aún) no se da es el apoyo de los principales países donantes. Especialmente, ha sido un retroceso el reciente rechazo del ministro Niebel, del Ministerio de Desarrollo Alemán, a hacer la aportación al Fideicomiso Yasuní. Uno no puede subestimar la señal negativa que se envió a otros posibles países donantes, insinuando que dicho fideicomiso podría no ser confiable. El apoyo financiero alemán sería crucial. En tanto que uno de los primeros impulsores de la iniciativa, en 2009, Alemania comentó a algunos funcionarios públicos ecuatorianos sobre la posibilidad de pagar hasta 50 millones de dólares anuales al fondo, que tendría una duración de 13 años. Con lo cual la aportación total sería de 650 millones de dólares o casi una sexta parte del total necesario.

Que el fideicomiso Yasuní ITT quedara establecido es una oportunidad histórica, que es pionera en cuanto que es un método novedoso para financiar la conservación de un ecosistema de importancia mundial, en tanto que bien común, al mismo tiempo que se protege y defiende los derechos tradicionales de las comunidades indígenas y sus formas de vida. Los pueblos indígenas de Tagaeri, Taromenane y al Huaorani han vivido en el Yasuní, algunos de ellos en el aislamiento voluntario del “mundo moderno” que invade el Parque Nacional Yasuní. Este parque se encuentra situado en el extremo oriente del Ecuador en la frontera con el Perú y cubre cerca de un millón de hectáreas. Fue reconocido por la UNESCO como reserva mundial de la biósfera en 1989, lo que quiere decir que es uno de los pocos lugares con alta biodiversidad en el mundo. ¿Qué significa esto? Que tan sólo en una hectárea el parque posee más de tres especies presentes en toda América del Norte; en total el parque tiene registradas 2,274 especies. Casi 570 especies de aves, más de 100 especies de anfibios y reptiles, unas 4 mil especies de plantas vasculares y, supuestamente, con 100 mil especies por hectárea, el mayor número de insectos en comparación con cualquier lugar del mundo. Esto constituye un gran valor para el mundo y la humanidad aun cuando, desafortunadamente, en un sistema económico mundial que trata a la biósfera como una externalidad ―cuando se trata de calcular la relación costo-beneficio― no le reconoce ningún precio.

Dejar de explotar el campo petrolero de Yasuní (cerca de 20 por ciento de las reservas probadas del Ecuador) de acuerdo con el PNUD evitará la emisión de unos 410 millones de toneladas de bióxido de carbono (equivalente a las emisiones anuales de Francia). De acuerdo con los 12 dólares estadounidenses que a la fecha paga el EU ETS por tonelada de carbono, tan sólo el “valor del carbono” ascendería a 4.9 mil millones de dólares estadounidenses, muy por encima de los 3.6 mil millones de esa moneda que Ecuador busca conseguir en los próximos 13 años de vida del fideicomiso. A este fideicomiso puede vérselo como un ejemplo de los esquemas para evitar la emisión de carbono, sobre los cuales hay una creciente discusión en el marco de la CMNUCC y más allá de ésta, en el contexto de las acciones que buscan evitar la deforestación,avanzar en la reforestación y conservación de los bosques (REDD++). Sin embargo, su fortaleza reside justamente en que está pensado como un fideicomiso fuera del mercado del carbono y REDD, distanciándose así plenamente de las negociaciones del Protocolo de Kioto y del “quid-pro-quo” entre reducción de emisiones y el financiamiento para el cambio climático que ha tenido varias dificultades, impidiendo el avance de las negociaciones para el cambio climático y manteniendo cautivo el tan necesario financiamiento para el cambio climático. Al mismo tiempo es, desde el punto de vista de las/los observadores críticos, un enfoque más refinado y completo en relación con REDD, que hasta ahora no ha respondido a las expectativas de las organizaciones indígenas y tampoco ha proporcionado una solución real para enfrentar el cambio climático, debido a los vacíos y deficiencias (p.ej., en la forma como la CMNUCC define los bosques).

Planteamiento pionero

Todavía más importante, el innovador mecanismo de financiamiento Yasuní ITT es un planteamiento pionero que hace un país en desarrollo que depende de los ingresos del petróleo (60 por ciento de los ingresos del Ecuador dependen de su exploración y exportaciones petroleras) que busca activamente superar el infortunio de ese recurso y avanzar hacia una economía post-petróleo, persiguiendo su visión de convertirse en “una economía de bioconocimiento”. Esa es por lo menos la expresión que utilizó la Ministra Coordinadora del Patrimonio, María Fernanda Espinosa, al describir durante una reunión recientemente celebrada en Nueva York las esperanzas que tiene su país. Estas esperanzas las comparte una mayoría de los ecuatorianos. Más de 72 por ciento de la población del país, de acuerdo con la Ministra, está a favor de la iniciativa y sus condiciones, incluyendo la pérdida estimada de 3.6 mil millones de dólares estadounidenses de ingreso nacional por concepto de hidrocarburos no explotados. La Ministra Espinosa señaló: “No olvidemos que el pueblo ecuatoriano está poniendo el mayor esfuerzo al Fideicomiso Yasuní ITT.” Esta no es una cifra menor para un país donde 60 por ciento de la población sigue desempleada o subempleada, sin embargo, refleja el espíritu que el pueblo ecuatoriano mostró al aprobar en 2008 una nueva Constitución, en la que se reconoce que la naturaleza tiene derechos por sí misma (en sus artículos 10 y 71).

La estructura del fideicomiso tiene en sí misma algunos elementos innovadores que podrían servir como modelo para otros mecanismos de financiamiento para el cambio climático, estableciendo ejemplos de mejores prácticas en diversas áreas. Si bien la administración del fondo estará a cargo del PNUD, lo gobernará y monitoreará un Comité de Dirección conformado por seis personas y encabezado por el gobierno del Ecuador. Todas las decisiones sobre financiamiento las tomará este Comité de Dirección, en el cual representantes públicos ocuparán tres lugares, incluida la presidencia con un voto de calidad. Dos lugares los ocuparán representantes de los países contribuyentes y uno más lo ocupará un/a representante de la sociedad civil ecuatoriana. Tal participación pública en la toma de decisiones es poco común, sin embargo, hay que emularla si la meta es proporcionar financiamiento para el cambio climático a aquellos grupos en el país que lo necesitan más. De la misma forma, la composición del Comité de Dirección garantiza que el país se apropie del proceso, otorgando mayoría a los participantes ecuatorianos, si bien se esforzará por alcanzar decisiones por consenso.

Los fondos que se recaben mediante el fideicomiso Yasuní ITT se gastarán de forma holística. Las aportaciones a la Cuenta de Fondo Yasuní financiarán la Ventana de Fondo de Capital, y se utilizarán para invertir en una lista selecta de proyectos aceptables para producción de energía renovable, a saber: plantas hidroeléctricas, geotérmicas, solares, eólicas, de biomasa y de mareas. Una segunda ventana, la Ventana de Fondo de Rentas será reabastecida con pago de rentas de la Ventana de Fondo de Capital y financiará actividades de conservación, reforestación, eficiencia energética, gestión agroforestal a cargo de medianos y pequeños propietarios; asimismo financiará actividades de programas sociales y esfuerzos de investigación, particularmente en la generación de bienes y servicios basados en el bioconocimiento. Las decisiones que se tomen sobre el gasto tendrán que tomar en consideración otras iniciativas pertinentes con las cuales tendrán que coordinarse, como, por ejemplo, la CMNUCC, la REDD de UN, otras convenciones de Río (sobre diversidad biológica CDB y sobre desertificación CNULD) y el Foro Permanente sobre Cuestiones Indígenas de las Naciones Unidas, además de otras organizaciones regionales y coaliciones. Las aportaciones al Fideicomiso Yasuní ITT las pueden realizar gobiernos, entidades de los sectores privado y público, las ONG e incluso individuos.

Fideicomiso Yasuní ITT tiene que ver con confianza

Muchas/muchos parlamentarios alemanes se encuentran verdaderamente molestos por la decisión que tomó el Ministerio de Desarrollo Alemán, ya que desechó la resolución que había tomado el Parlamento en 2008 a favor de Yasuní. Asimismo, se encuentran preocupados que en el futuro se perciba a Alemania como un socio poco confiable en lo que se refiere a asuntos del desarrollo mundial, prefiriendo enfocarse en la cooperación bilateral para el desarrollo en lugar de aportar a iniciativas coordinadas internacionalmente que exploran nuevas formas de enfrentar los problemas que nos atañen mundialmente.

Ante todo, la propia Alemania ―y sus aspiraciones para liderar los esfuerzos internacionales en cuestiones como el cambio climático e instituciones como el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas― se propinó un revés. Confiemos en que el retroceso es temporal y que Alemania pueda abrazar más plenamente el Fideicomiso Yasuní después de todo. Son muchas las buenas razones por las cuales esta herramienta innovadora de financiamiento para el desarrollo merece el respaldo de la comunidad mundial y aportaciones financieras generosas de países como Alemania.

Aparentemente una de las preocupaciones que expresó el Ministro de Desarrollo Niebel, al declarar que su ministerio no apoyaría el Fideicomiso Yasuní ITT, fue la falta de una garantía fuerte de que el gobierno ecuatoriano renunciara indefinidamente a la explotación petrolera en el Parque Nacional Yasuní. El gobierno del Ecuador ha tratado de responder a ese y otros temores mediante una carta de nueve páginas dirigida al Ministro de Desarrollo Alemán. De hecho, el Ecuador tiene planeado emitir a los países contribuyentes Certificados de Garantía Yasuní (CGY), prometiendo el reembolso total de fondos si cualquier gobierno ecuatoriano en el futuro decide no respetar los acuerdos del Fideicomiso Yasuní.

Esta garantía mediante certificados (si bien no obtienen interés alguno) parece ser suficiente para Chile, que con 100 mil dólares estadounidenses hizo la primera aportación como país al fideicomiso; si bien es una acción simbólica más que sustancial. Y parece ser suficientemente buena para miles de ciudadanas y ciudadanos ecuatorianos que han hecho ya su pequeña aportación al fideicomiso, incluyendo muchos escolares ecuatorianos que, como una muestra de apoyo, están aportando a la causa el contenido de sus alcancías, como lo describió un representante local del Amazon Watch durante una reunión en Nueva York.

A final de cuentas, el Fideicomiso Yasuní ITT ―como su nombre lo implica― tiene que ver con la confianza, lo cual no quiere decir que haya una garantía absoluta. Sin embargo, el fideicomiso como tal es una oportunidad de animar un nuevo nivel de participación entre países desarrollados y países en desarrollo para proteger el bien común mundial, que supere las tradicionales relaciones desiguales entre donante y receptor que caracterizan la ayuda para el desarrollo. Para finales de 2011 sabremos si los países ricos aceptan los términos de una nueva alianza. Para entonces, el Fideicomiso Yasuní ITT tendrá que mostrar un depósito por 100 millones de dólares estadounidenses “como señal de buena voluntad por parte del mundo” (Ministra Espinosa). Esta suma, de acuerdo con el administrador del fideicomiso del PNUD y del gobierno del Ecuador, es la cantidad mínima necesaria para hacerlo viable. Sería maravilloso si países como Alemania decidieran poner su confianza y dinero ahí donde ya lo han puesto miles de escolares y ciudadanas/ciudadanos del Ecuador, que tienen mucho más que perder.

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